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Compromiso, talento y sacrificio

Compromiso, talento y sacrificio

La historia peruana referida al ejercicio de la profesión está escrita con compromiso, talento y sacrificio. Esto último guarda episodios ingratos, que protagonizados por quienes tienen el deber de informar con la verdad y por aquellos que pretenden que se oculte la misma. Las consecuencias enlutan al entorno familiar y gremial de quienes ofrendan sus vidas, con el extremo de afrontar los más serios peligros y, de esa manera, contribuir al desarrollo de una convivencia humana, donde la ciudadanía debe estar debidamente informada. Pero esas consecuencias, igualmente, da la impresión, que es de regocijo para los que disfrutan de la existencia de una sociedad amordazada, que no tiene posibilidad al uso de la palabra y, en consecuencia, tampoco a conocer y defender sus derechos más fundamentales.  

Esto ocurrió, precisamente, en el lejano Uchuraccay, un poblado humilde en las altas lejanías de la provincia de Huanta en Ayacucho. Fue un 26 de enero de 1983, cuando la noticia de la muerte de ocho periodistas y un guía, conmovió al pueblo peruano y trascendió, por la heroicidad de los reporteros al mundo civilizado de ese entonces. El gobierno de turno pretendió restar importancia al repudiable hecho. Nombró una comisión investigadora, pero la misma no contribuyó en mucho a descubrir, no solamente la responsabilidad de los autores intelectuales, sino también la magnitud de la intervención de los comuneros a quienes se culpó del sangriento crimen. Es menester recordar que, desde esa fecha para adelante, el gremio de los trabajadores de la prensa más antiguo de nuestro país y América Latina, la Asociación Nacional de Periodistas del Perú, logró aquel 1983, organizar una manifestación pública en la capital de la república, para rendir homenaje a los colegas fallecidos y exigir el esclarecimiento de lo ocurrido. Aún hoy en día este histórico gremio, sin fatiga y sin pausa, todos los años realiza un peregrinaje hasta Uchuraccay. Este año no ha pasado por el olvido, lo cual constituye un acto de identidad gremial que no tiene paralelo alguno. Por eso, aquella expresión que nos dice que la sangre derramada, jamás será olvidada, se ha convertido en una frase que perdura en el tiempo y que estamos seguros las nuevas generaciones de trabajadores de prensa, sabrán tener presente como mensaje de cuán importante e igualmente compleja es la profesión periodística.  

 

Estos tristes episodios, en realidad, constituyen una mala herencia que viene desde los tiempos de la colonia. La intolerancia de quienes se oponen a la libertad de prensa es una constante permanente. Quizás en esta historia debe figurar el caso protagonizado por el periodista Gaspar Rico y Angulo, quien el año 1811 se atrevió a editar el diario “El Peruano”. Nada menos que cuando ejercía el virreinato José de Abascal y Souza, un autoritario comisionado de los reyes de España, que no quería saber nada que estuviera vinculado al proceso emancipador del Perú. Y eso que entonces ya existía en el papel la libertad de imprenta. Gaspar Rico, se había atrevido a cuestionar la cobranza ilegal y brutal del llamado tributo indígena, el mismo que, precisamente estaba suspendido por ley.  Pero, además, el periodista llegó a más porque lanzó sus críticas por la forma con que se discriminaba a los nacidos en el Perú, cada vez que se trataba de un empleo público, mientras que por otro lado favorecía abiertamente a los nacidos en la península ibérica. Con el propósito de silenciar estas actitudes desafiantes del periodista, dispuso su expulsión del territorio nacional y encadenado lo deportó a Cádiz, España. Casos como estos son muchos tanto en los siglos XIX, XX y XXI. Solo como referencia y para demostrar cuán combativo es el periodismo peruano y, también, con no poca frecuencia cambiante, podríamos recordar lo ocurrido el sábado 20 de enero de 1851, cuando a raíz del término de la esclavitud en el Perú, un viejo diario dijo en su página editorial: “¿Qué será una nación en la que la mayor parte de sus ciudadanos difiere poco de la bestia? Pues esto es y será el Perú mientras exista capitación del indio y esclavitud del negro”. Hoy en día ese viejo diario, al parecer ya no piensa lo mismo. Como bien se sabe existen millones de la población indígena, sobre todo en la zona andina del territorio nacional, que reclaman su redención. Pero, no hay quien sepa escuchar, salvo los periodistas que tienen compromiso inclaudicable con la verdad. Este es nuestro homenaje a los mártires de Uchuraccay. 

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